Las historias del petit Nicolas son archiconocidas en todo el mundo, pero lo que no sabrá mucha gente es que es Doctor, si si, de esos que pueden recetar pastillas juanolas. Por si hay algún incrédulo entre los seguidores de las Paralelas aquí tenéis parte de su diario escrito en aquellos días en los que preparaba su tesis.
Le petit Nicolas en thèse

Se pueden pasar horas y horas buscando sin encontrar nada. En esos momentos, mi papá y mi mamá están muy preocupados e inquietos, y cuando mi mamá pregunta si será una buena idea que el pequeño haga una tesis (ese soy yo), mi
papá abre la boca pero no dice nada, agita los brazos y se va a leer el periódico al salón. 
Ellos se preguntan si me estaré volviendo completamente loco, pero mi mamá sabe que a mi papá no le gusta que ella se lo diga.


Algunas veces también se pasa mal si me equivoco. Y si me equivoco, con mi jefe… eso no tiene mucha gracia, no, no es gracioso del todo. -¡Mírame a los ojos, Nicolas! me dice, -A esto llama usted trabajo ¿no? - Me pregunta. Y bien, eso tiene pinta de ser una pregunta, pero él no soporta que yo se la responda porque entonces la cara se le pone totalmente roja.

Los seminarios
n seminario uno no puede sonreír. Cuando el señor termina de hablar, mi jefe le hace muchas preguntas muy complicadas y él no sabe siempre cómo responderlas. Pero no es justo, porque a él no le regaña.
(habrá incluso otros jefes, quiero decir) y habrá un señor viejo muy muy importante que me dirá que todo está muy bien, mi pequeño, que los caminos de la investigación me son gloriosamente abiertos y que es un honor para mis papás y que soy el orgullo de mi país y toda esa palabrería. Y después habrá una supermerienda con todos mis amigos. ¡Será genial!
Y cuando mi papá lea todo eso en el periódico, estará muy orgulloso y mi mámá se pondrá tan contenta que me servirá doble ración de flan con caramelo, mi postre preferido. Es realmente super, una tesis ¡al fin!
ado un montón de fórmulascomplicadas y todo eso y más todavía. También le impresiona a la mamá de Marie-Edwige, ahora me pone sonrisitas y me hace carantoñas cuando antes decía que yo era un pequeño niño turbulento.




